Muy poco se menciona, en los procesos de desarrollo de proyectos, la complejidad y el reto que supone comprenderse bien cuando se hablan idiomas distintos. Y no me refiero a ser muy viajado o políglota, sino a comunicarse en dos lenguajes tan diferentes entre sí, como el programático y el creativo (y salir bien parados). Casi nunca convergen porque suelen transitar por caminos paralelos, ellos con unos y ceros y nosotros con letras y trazos, pero para Codelab, un laboratorio de investigación que desarrolla soluciones de software para la industria energética, nos desviamos ligeramente de la trayectoria habitual para coincidir en la ruta ideal de creación de su nueva marca, su imagen corporativa y su web.
Y no nos fue nada mal, a pesar de la dificultad obvia de entendernos con los algoritmos, las bases de datos, la lógica de la cuadratura del círculo y demás enigmas de los códigos de programación. En la resolución de problemas y hacer las cosas simples sí que hablamos la misma lengua; así ingeniamos el modo de representar su esencia entre corchetes angulares, que en el lenguaje de programación sirven para definir bloques de código, integrados en las letras c y b de codelab, enmarcando el nombre de tipografía minimalista. Colores eléctricos aplicados en degradado, destacan su naturaleza digital y tecnológica que captura en su conjunto, el interés de su público objetivo que, sin descifrar mucho, les entienden a la perfección.